Mi amiga pensó que ahorrar en fotos era buena idea

La vez que mi amiga pensó que ahorrar en fotos era buena idea… y por qué yo jamás te dejaría pasar por eso

El otro día estaba tomando un café con una amiga, y entre risas me contó una historia que me dejó pensando. Resulta que para su cumpleaños decidió hacerse unas fotos "porque sí, para sentirse diosa un rato". Buscó en internet, encontró a alguien súper barato que prometía el cielo y las estrellas, y pensó: "¿Qué puede salir mal por 30 mil pesos?". Spoiler: todo. En las fotos, ella está mirando a la nada como si estuviera perdida en un supermercado, la luz era un desastre (parecía que las habían tomado con una linterna) y, para colmo, el fondo era un parque con gente tomando mate que nadie notó hasta después. Nos reímos un rato, pero luego me dijo: "Ojalá hubiera ido con vos".

Y es que hay una diferencia gigante entre un fotógrafo económico y una profesional como yo. No es solo cuestión de precio, es lo que te llevas a casa al final del día. Vamos a desglosarlo:

El peso de la experiencia
Con el fotógrafo económico, llegas y es un "a ver, sonríe". Sin plan, sin dirección, sin nada. Conmigo, es otra cosa. Desde antes de la sesión, hablamos: ¿Qué quieres transmitir? ¿Te sientes más tú en un vestido elegante o en jeans? Yo te guío, te hago reír, te ayudo a posar sin que parezca que estás posando. Es como salir con una amiga que, de paso, sabe manejar una cámara como los dioses.

La calidad no miente
Mi amiga me mostró esas fotos borrosas y deslavadas, y yo solo podía pensar: "Esto no le hace justicia". Como profesional, invierto en equipo top, sé jugar con la luz (nada de sombras raras ni vibras de cueva) y edito cada imagen para que quede impecable. No es solo apretar un botón; es asegurarme de que te veas como la versión más increíble de ti misma.

El tiempo (y los nervios) que te ahorras
Con el económico, te toca rezar para que algo salga bien, y si no, pues "ya fue". Conmigo, te relajas. Sé lo que hago, tengo el ojo entrenado y me encargo de que todo fluya. No hay estrés, no hay "ay, qué pena, no sé cómo ponerme". Te entrego fotos que te van a hacer decir: "Guau, ¿esa soy yo?".

Un recuerdo que vale la pena
Las fotos baratas de mi amiga terminaron en una carpeta olvidada en su celular (quizás ya las haya borrado). Las mías, en cambio, las veo en marcos, en álbumes, en esas cosas que sacas cuando quieres presumir un poquito. Porque no se trata de llenar espacio en el disco duro, se trata de tener algo que te emocione cada vez que lo mires.

No te voy a decir que lo barato es el diablo —cada quien tiene su presupuesto—, pero sí te digo que hay momentos que no merece la pena arriesgar. Una sesión conmigo no es solo fotos, es darte un rato para ti, con alguien que sabe sacarte el brillo que llevas dentro. Mi amiga ya aprendió la lección (y ahora está ahorrando para su revancha conmigo), pero tú no tienes que pasar por eso. ¿Qué dices, nos tomamos un café virtual y planeamos algo increíble juntas?

Si no quieres cometer el mismo error que ella y venir directo conmigo, haz clic en el botón para conocer sobre mis sesiones Fine Art.

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